Autoestima, liderazgo y educación

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Informe de la Profesora «Noelia Beck «

La autoestima como habilidad social en el proceso educativo es un reto pedagógico en las aulas escolares, donde la valoración integral es un aspecto importante en la interacción cotidiana, e influye en el desarrollo personal y académico.


Es importante ofrecer desde el escenario escolar, prácticas significativas que faciliten el logro de una estima positiva en diferentes situaciones, para que el estudiante pueda afrontar con seguridad tanto sus errores como sus éxitos, pues la autoestima es una necesidad humana, que se construye y reconstruye a lo largo del ciclo vital.

La formación de líderes integrales autónomos, seguros de sí mismos y con capacidades para tomar decisiones, son competencias y lineamientos de las Instituciones Educativas.


Sucede que algunos de los educandos manifiestan actitudes negativas y que generan confrontación, lo que debilita no solo la interacción con el otro, sino el clima escolar; de modo que, las experiencias no gratas los aísla y pone en riesgo su estabilidad emocional, expresada en su no adaptación al trabajo en equipo, el rechazo y transmisión de mensajes no agradables al grupo, en el que se desenvuelve.
Es así como se origina el interés por identificar el nivel de autoestima que poseen los estudiantes, a partir del rol del docente, con una mirada pedagógica que vaya más allá de enseñar conocimientos. Se debe, desde el plano humanístico, orientar y entregar herramientas a los estudiantes para su desarrollo emocional, social y afectivo, que los provea de habilidades y destrezas para no sucumbir frente a sus necesidades y carencias, permitiéndoles adquirir una visión abierta y flexible, de modo que logren una percepción básica de las características más relevantes de su personalidad, la relación con otras personas y el ambiente que lo circunda.


De esta manera, el promover los niveles de autoestima favorables, contribuye a mejorar las relaciones socio afectivas en el aula, favoreciendo los procesos de aprendizaje, motivando probablemente la obtención de mejores resultados académicos e incluso proporcionando a los adolescentes un desarrollo progresivo de sus habilidades sociales, como la comunicación asertiva y otras que favorecen el poder enfrentar diversas situaciones que se puedan presentar en el ambiente escolar.


Debemos analizar el cómo, desde el plano educativo, se proporcionan escenarios para la construcción de la autoestima, factor clave para afrontar situaciones cotidianas y para superar los obstáculos que se presentan al interactuar con los docentes, compañeros y personas que lo rodean. La baja autoestima es la del respeto a los demás, tiene necesidad de estatus, fama, gloria, reconocimiento, atención, reputación, apreciación dignidad e incluso dominio; en cierto sentido, es la autoestima que se genera por factores externos, es decir, aquellas que otras personas provocan en el individuo. En cambio, la Alta autoestima comprende las necesidades de respeto por uno mismo, incluyendo sentimientos tales como confianza, competencia, logros, maestría, independencia y libertad, o sea, es la que el individuo genera en sí mismo. Se desarrolla cuando la persona posee respeto y estimación de sí, a la vez que demuestra un sentimiento de superación, a través del tiempo. No se considera mejor ni peor que el resto y, además, logra reconocer sus falencias. Precisamente en este sentido, se considera que la autoestima tiene un significado complejo, configura cuatro componentes que a continuación se presentan:
La actitud, que son las formas habituales de pensar, actuar, amar y sentir de las personas para consigo mismas.
El componente cognitivo, refiriéndose en cómo procesa la información, interioriza y manifiesta sus ideas, opiniones, creencias percepciones que posee la persona respecto de sí misma.
El componente afectivo, en el cual la valoración que construya, sea positiva o negativa, involucra sentimientos favorables y desfavorables, agradables o desagradables que las personas perciben de sí mismas.
El componente conductual, el cual implica la intención y decisión de actuar, de llevar a la práctica un comportamiento consecuente y coherente.
Ahora pensemos en los elementos que influyen en el clima de aula, entre ellos, la incidencia del espacio físico, la disposición de los estudiantes en el salón de clase, las condiciones ambientales del aula, la familia, la diversidad, la procedencia social y la influencia de las nuevas tecnologías. Del mismo modo, la metodología utilizada en el desarrollo de la clase, desempeña un papel fundamental para motivar y promover prácticas que conllevan al estudiante a descubrir el sentido del aprendizaje y la importancia del control de sus emociones, de modo que pueda interrelacionarse con todas las personas que están a su alrededor.
En cada uno de los momentos que el estudiante se desenvuelve en el aula, va estableciendo contrastes valorativos y estos, a su vez, están influenciados por factores internos adquiridos o creados por el sujeto desde su infancia, tales como las ideas, creencias, prácticas o conductas y, los factores externos como los mensajes transmitidos verbal o no verbalmente, o las experiencias suscitadas por los padres, los educadores, los amigos y compañeros de colegio; como también por las personas que les son significativas.
Esta configuración de la autoestima permite a los estudiantes construir conceptos de sí mismos y actuar de acuerdo con ello.
Así es que el rol del docente es vital en la construcción de un clima de aula propicio para el aprendizaje de los educandos. Esto incluye una adecuada preparación de clases, con temas, actividades y material, de modo que logren captar su interés, relacionándolo con el desarrollo de las habilidades sociales y emocionales, requiriendo conocer las realidades de cada uno de los estudiantes y sus necesidades.



Los estudiantes que presentan autoestima adecuada, también obtienen altos niveles en creatividad, mayor autonomía, menor impulsividad y mejor rendimiento académico.
En cambio, suele pasar que con estudiantes que tienen autoestima baja, existe poca comunicación con sus padres, porque no tienen el tiempo necesario para dedicarles a sus hijos y, por lo tanto, no ofrecen seguridad y confianza.
Es importante la atención que a los niños y jóvenes se les debe proponer desde los hogares y la Institución Educativa. De igual manera, que se deben ofrecer espacios y herramientas que les permita reconocer sus cualidades, aceptar sus debilidades y facilitar los escenarios propicios para la interacción, con el ánimo de elevar la autoestima.
La autoestima en las habilidades sociales, la autoestima como habilidad social es considerada como la valoración positiva o negativa de la persona, forma su personalidad y se debe ir incentivando paulatinamente, puesto que influye en lo que se pretende ser y conseguir en la vida. Por tal razón, una autoestima alta se convierte en la condición necesaria para alcanzar las metas propuestas; y, sin duda, una autoestima baja trae fracasos y no permite conseguir las metas deseadas, repercutiendo en la estabilidad emocional y bienestar personal.
Las percepciones que los niños pueden tener de sí mismos van progresando a medida que crecen y se relacionan con los demás; estas experiencias de vida en relación con los otros son las que pueden influenciar el control y/o regular la conducta. En este sentido, las influencias sociales son determinantes para que el niño pueda comprender cómo lo perciben los demás y cuál es su propia percepción.
Luego, al introducirse en la etapa escolar donde se abren nuevas posibilidades en el reconocimiento de las consecuencias emocionales de sus acciones y la comprensión de las mismas, se inician fuertes manifestaciones del estado de ánimo, haciendo visibles su tristeza, alegría, frustración, dolor, rabia, entre otras; así como el desenvolvimiento social que deriva de la interacción con los compañeros, dejando al descubierto lo que desde el hogar ha venido desarrollando en cuanto a su imagen y auto-concepto.


En los escenarios educativos, la percepción de la autoestima se hace más visible en los adolescentes, cuando manifiestan expresiones de tristeza y permanente aislamiento, desinterés y, por consiguiente, bajo rendimiento académico o deserción escolar. Estos síntomas son alertas a los que se les debe prestar atención, ya que pueden ser no solo a causa de los cambios físicos, psicológicos, socioculturales o cognitivos, sino que también pueden darse como consecuencia de una personalidad con baja autoestima, que se ha ido formando, estructurando y consolidando a través de la vida. Lo anterior adquiere atención inmediata en el desarrollo de estrategias que permitan establecer un sentido de identidad, autonomía, éxito personal y social.
La Autoestima es el grado de satisfacción asociado al concepto de sí mismo, a sentirse bien consigo mismo, relacionado con dos necesidades básicas de la persona, en dos premisas: Percibir que uno vale para algo y Percibir que uno vale para alguien.



Esto implica que la expresión “uno vale para algo” es la asociación con el éxito; y en la segunda, “uno vale para alguien”, se refiere al reconocimiento del éxito. Si lo llevamos al ámbito educativo, esta valoración tiene muchas implicaciones, por cuanto el estudiante está expuesto permanentemente a experiencias significativas positivas y negativas al mismo tiempo; y en este contexto pone en juego su capacidad para obtener éxito o reconocimiento por parte de los compañeros y el docente, con los cuales establece una relación de rendimiento y aprecio. Lo anterior conlleva a que el estudiante adquiera una autoestima estable, necesaria para sentirse capaz de afrontar y resolver situaciones cotidianas en el aula o en otros entornos, en vista de que una necesidad básica es el afecto, el aprecio, el sentirse aceptado y valorado.
Por tal motivo, se sugiere estrategias orientadas hacia el fortalecimiento de actitudes positivas, las cuales permiten mejorar las habilidades socioemocionales; y, por consiguiente, el clima del aula y el control de la clase, estimulando y activando en el estudiante la disposición para el aprendizaje, la percepción de cariño, el afecto, la aceptación, derribando así barreras de desinterés.

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