El Éxito

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Informe de la Profesora en Psicología «Noelia Beck «

Para llegar a ser grande en cualquier aspecto se necesita un cierto sacrificio. En ocasiones tus decisiones no serán muy populares entre la gente que te rodea, especialmente en tu familia. Pueden pensar que eres un imprudente. Otros pensarán que eres un soñador.


Otros no van a entender a alguien que vive con un propósito, tienes una carga extra que todos tienen pero pocos usan. Las propuestas para que abandones no tardarán en llegar si estás en uno de estos casos: te pedirán que abandones o que te tomes un descanso. Sabes que tienes que dedicar tu tiempo al servicio de ese propósito y lo que está fuera de él no tiene sentido y lo ignoras.

Es el escepticismo lo que hace que la gente te diga que eres un loco o un temerario. La gente no va a entender que te mueves en una dirección definida. Sólo hay un 5% de las personas con un objetivo claro, que conocen la belleza y los resultados del sacrificio.

“El precio del éxito es trabajo duro, dedicación y la aceptación de que si ganamos o perdemos nos hemos esforzado al máximo para alcanzar nuestro objetivo”, Vince Lombardi.

El éxito se construye

No existe ninguna varita mágica que vaya a traer suerte y éxito a tu vida, porque este no suele llamar a las puertas sin invitación previa. Si lo quieres, vas a tener que construirlo y darle forma con tus propias manos. Pero, para ello, tienes que delimitar aquello que quieres conseguir, o dicho de otra manera, hacia qué dirección el viento te sería favorable. Una vez identificado, una buena formación y una ilusión desbordante, en forma de energía, que te den la fuerza suficiente como para enfrentarte a las primeras dificultades, serán unos buenos señuelos para el éxito.

Pero no todo será un camino de rosas. El fracaso -o él o su sombra- estará esperándote en cada esquina para atemorizarte y hacerte dudar sobre si seguir adelante o dar marcha atrás. Sin embargo, esto será parte de tu escalada hacia el éxito, parte del aprendizaje. No te lo tomes como una llamada de atención para que abandones lo que con tanta ilusión empezaste. Tu esfuerzo siempre tendrá su recompensa si lo administras con paciencia e inteligencia.


El primer paso es lo más difícil, pero también el más importante, es crear una inercia partiendo de una posición estática. Es como el escritor que se encuentra ante ese papel en blanco que despierta todos sus miedos. Sin embargo, una vez que hemos pasado esta barrera será más fácil avanzar, llevando de la mano a nuestra gran aliada: la determinación.

Tenemos miedo a dar el primer paso porque en muchas ocasiones nuestra mente anticipa sufrimiento o fracaso. Un fracaso que quizás no llegue, pero al que nos adelantamos. Tal vez porque deseamos la inmediatez de los resultados, que el camino hacia el éxito sea lo más corto posible. Esto sí nos trasmitirá una gran frustración, pues todo llega a su tiempo.

Cuanto más lejos esté nuestro objetivo, cuanto más sepamos que tardaremos en conseguir lo que queremos, más difícil nos resultará tomar la decisión de dar ese primer paso. Pues las dudas y las preocupaciones nos abordarán. ¿Y si nos quedamos por el camino? ¿Lograremos superar todas los fracasos a los que nos tendremos que enfrentar? Los fracasos forman parte del proceso de aprendizaje.

El «no puedo» no es una opción

Nuestra vida está llena de «no puedo». Dos palabras que forman parte de nuestro vocabulario y que las utilizamos más de lo que deberíamos. Como bien decíamos al principio la magia no existe. El éxito no vendrá a buscarnos, a menos que nosotros salgamos en su búsqueda. Sin embargo, esto no será posible si nosotros mismos nos limitamos.

Nuestras palabras tienen un gran poder. Si yo digo «puedo», así será. Si yo digo «no puedo», así será. En ocasiones, todo lo negativo que nos decimos proviene de nuestro entorno. De personas que tenemos a nuestro alrededor y no confían en nosotros, de gente que constantemente insiste en lo descabelladas que son nuestras metas. Todo esto nos hace replantearnos si vamos a conseguir lo que queremos, si seremos capaces.

Hay que hacer oídos sordos a todas esas palabras que los demás nos dirigen y que no hacen más que frenarnos en el camino hacia nuestro éxito y responderles a todas esas personas con una amplia sonrisa. Sabemos mejor que nadie lo que somos capaces de conseguir y hacer. Nadie tiene por qué hacernos dudar de nosotros mismos.

Plantearse objetivos realizables

La mejor manera de gestionar ese fracaso al que tanto tememos es plantearnos, con antelación, objetivos que sepamos que vamos a ser capaces de llevar a cabo. No hace falta que sean muy grandes. Lo más importante es que sea posible que den resultados a corto plazo. De esta manera mantendremos los pies en la tierra, algo indispensable para poder alcanzar el éxito.


¿Quiere esto decir que tenemos límites? No, lo que quiere decir es que tenemos que ser realistas. Porque, en ocasiones, nuestras ilusiones y sueños nos juegan una mala pasada y nuestras expectativas se disparan haciéndonos perder la perspectiva. Dando pequeños pasos seguros, sin perder la paciencia, sin anhelar llegar a la meta cuando todavía no nos hemos puesto en marcha nos preparará para resolver cualquier problema que se presente.

Así, cuando menos lo esperemos, empezaremos a visualizar en la realidad aquello que teníamos en mente. Para que todo llegue a buen término es imprescindible construirlo día a día, seguros, sin perder la perspectiva y, sobre todo, si el reto lo merece, dándolo todo. Es todo un reto ponerse en marcha, pero lo es más mantenerse en el camino a pesar de los problemas y las dificultades que se nos presentarán. Eso sí, todo esto forma parte del proceso. ¿A qué esperas para empezar a construir tu éxito?

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