La importancia de decir siempre la verdad

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Informe de la Profesora en Psicología «Noelia Beck»


Un aspecto importante en la ética y moral son las actitudes y decisiones que tomamos en nuestra vida

Uno de los principales hechos que dan palabra a una persona y le dan valor, es decir la verdad. El concepto de verdad es algo bastante complejo que depende del carácter de cada uno y de la educación que ha tenido. Aveces no decir nada o una “mentira piadosa” puede evitar muchas interpretaciones y problemas a priori. En ocasiones incluso, puede llegar a ser la mejor decisión ante una determinada problemática.


Ahora ¿Por qué es importante decir la verdad?

Decir las verdades puede ser tan malo como decir mentiras, ya que la bondad de ambas opciones depende de lo que se sabe y de las consecuencias que se sigan de lo que se dice.

A pesar de ello, cuando uno es sincero, implica reconocer sus virtudes y defectos. Eso te ayuda a poder ser una mejor persona. Hay quienes afirman que existen tres clases principales de verdad: la formal, la física y la convenida. La formal, como las de las matemáticas o de cualquier juego, es exacta, porque solamente hace referencia al cumplimiento o no de las reglas. Pero las físicas son sólo aproximativas, según la información y tecnología de que se dispone. Las convenidas,  dependen de los valores que entran en juego y de la capacidad de convenio entre las personas. Todas pueden cambiar si se cambian las reglas de juego, si se perfeccionan las teorías y técnicas de investigación y si se modifican los valores e intereses humanos.


A pesar de diferentes interpretaciones y estudios que tratan el tema de la verdad en profundidad es importante que tengamos como premisa y como costumbre decir siempre la verdad.

La verdad es sincera, es honesta, es dura, es tajante, es incómoda pero siempre deja la consciencia tranquila y el corazón contento.

Es saludable decir siempre la verdad:

Algunos estudios constatan que mentir menos tiene efectos positivos en la salud.

‘Con la verdad se llega a todas partes’, dice una frase con la que seguramente hayamos recorrido parte de nuestra enseñanza más arraigada.

Las personas mienten por tres motivos: para adaptarse a un ambiente hostil, para evitar castigos y para conseguir premios o ganancias sobre los demás.

Decía el médico y psicoterapeuta austríaco Alfred Adler que «la verdad es a menudo un arma de agresión. Es posible morir, e incluso asesinar, con la verdad», por lo que a veces ser honesto no podría resultar tan bueno. «En ocasiones decir la verdad, puede ser contraproducente», no obstante, aclara que la sinceridad es buena cuando las consecuencias son positivas para la persona que emite la conducta y para su entorno.


“Hay que buscar el equilibrio entre lo que es bueno para nosotros y para el que recibe la notica». Algunas veces puede asociarse decir la verdad con signos de inocencia o falta de madurez, por tanto, en ocasiones la mentira puede ser incluso necesaria. Se puede dividir la mentira en mentira ‘prudente’ e ‘imprudente’. La primera es aquella que se dice para adaptarse a la situación, la que es «necesaria» decir en ocasiones para evitar un mal mayor. Pone de ejemplo, una situación peligrosa como estar en una habitación con mucha gente y que haya un incendio. «Puedes mentir y decir a la gente que no está pasando nada y evitar así el caos.

El control es necesario en estos casos», detalla. La segunda es cuando lleva consecuencias peores que dificultan ese equilibrio mencionado anteriormente. Decir la verdad, puede tener consecuencias negativas en el otro. Esto es, hay personas que tienen que decir siempre la verdad, «tener la conciencia tranquila», y esto «no siempre es bueno». «Esta sensación de conciencia tranquila es la creencia de creer que han actuado bien y por ello ‘se sienten mejor’ físicamente». Honestidad, un valor necesario: ella refuerza el que una relación, sea del tipo que sea, pueda ser mucho más consistente y estable. Pero, «tiene que haber también otras cosas, es un valor que no puede ir separado del resto».                          


 «La honestidad absoluta en el ser humano no existe, es imposible que un hombre siempre diga la verdad». Ésta, es un valor que debe ir añadido junto a otros: «De nada vale que una persona sea sincera, si le faltan otros valores».  Como conclusión, los expertos aseguran que no podemos relacionar mentir en contextos cotidianos con una peor salud, pero que es bueno que en la sociedad se eduque desde la honestidad y la franqueza. 

«Un desarrollo moral adecuado desde la infancia, orientado en la verdad, es positivo».

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